Travesía



El próximo día 16 de agosto se habrá cumplido un año. Estoy atravesando un desierto, un infierno patente. Sin embargo, cuando me encuentro en paz, también puedo saborear la gloria, algo del cielo en la tierra. Balanza vital insondable, contrapeso necesario. También es posible que, de forma imperceptible, con la sutileza de Su Majestad, se me muestre el camino de la contemplación como un punto de no retorno y al propio tiempo, tras las tentaciones, el camino de la angustia y de la perdición. Se hace dificultoso tomar el control pero el transcurso del tiempo arma mi paciencia y va conformando una nueva circunstancia. Aunque una parte de mi haya muerto, la esperanza no desfallece. Es momento de aprender a dejarse caer en los brazos amorosos del Padre, desprenderse de cuidados y preocupaciones, apartarse de los doctos, del tumulto, de esa confusión de despropósitos en que, para muchos, el mundo consiste y finalmente ganar en pequeñez e insignificancia.


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