Tolerancia



Tolerancia


La tolerancia es una exigencia del sentido común y la clave del liberalismo igualitarista en sentido estricto (político).

El liberalismo político, en palabras de John Rawls ,“pone lo correcto por delante de lo bueno” y añade R. Dworkin es un rasgo fundamental (casi definitorio) del liberalismo que el gobierno de una comunidad política debería ser tolerante respecto de las diversas (y a menudo antagónicas) convicciones que tienes sus ciudadanos sobre la manera correcta de vivir: que el gobierno de una comunidad política debería mantenerse neutral, por ejemplo, entre ciudadanos que insistan en que una vida buena es necesariamente una vida religiosa y otros ciudadanos que teman a la religión por considerarla la única superstición peligrosa”

Recientemente oímos cosas que dicen personajes encumbrados en nuestra sociedad (aquellos que han prosperado sin resistencia y viven en la opulencia) como que hay que “irse a trabajar a Laponia” o que “los españoles no quieren recoger fruta” y otros temas relacionados con la productividad. En contraste también padecemos las consignas totalitarias de una izquierda sindical que conmina a tomar cerveza. En esos vaivenes ausentes de todo sentido común (irracionalidad, por no decir imbecilidad) se mueve nuestra comunidad política. (Denotan que piensan en las personas trabajadoras como mercancía.)

Parece mentira que hayamos sido capaces de “tolerar” por tanto tiempo ésta deriva ideológica generada por personas cuyo rasgo principal es precisamente el totalitarismo y la intolerancia.

Ante las críticas que se me han hecho, quiero aclarar, para la gente que no sabe pensar al margen de los partidos políticos, que entiendo la tolerancia como una actitud  vital de las personas (receptiva y comprensiva). Las organizaciones sociales como los partidos  políticos y los gobiernos, serán tolerantes en la medida en que lo sean las personas que los conforman. Así, democracias formales como la nuestra pueden estar gobernadas y, desde mi punto de vista lo están, por personas cuyo carácter es autoritario e intolerante, degenerando el sistema, lo que suele ocurrir por ejemplo cuando un político lleva mucho tiempo disfrutando del cargo público o es un profesional sindical o un gran empresario porque todos ellos conforman nuestra comunidad política. El predominio de ese tipo de personas en la comunidad política es más preocupante que la propia legitimidad del sistema político porque el sistema, como ha quedado demostrado “no puede aguantarlo todo”.


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