Tarde



A veces, ocurre que el peso de la vida te aplasta bajo oscuras inmundicias. Los pensamientos se espesan entre tinieblas y uno no halla consuelo con nada. Todas las conductas resultan impúdicas tejiendo un negro panorama pecaminoso del que soy único responsable en la medida en que no soy capaz de evitar juzgar a los demás.

Es ésta una tentación muy severa de la que resulta difícil desprenderse y que está relacionada con la imposibilidad de amar al prójimo. A tal fin, la voluntad no basta. En este punto no cabe más que rogar el Espíritu Santo.

También ocurre, cuando uno es joven, que se sobrestiman las propias fuerzas en arrogante desmesura, en egocéntrica actitud. Sería bueno volver a la infancia y ser indiferente. Otras veces anhelo disolverme en la esencia infinita del Creador, ser nada.

Precisamente, esta tarde, he leido, del libro "La enfermedad como camino" de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke lo siguiente: "el ego del ser humano desea tener siempre algo que se encuentra fuera de él y no le agrada la idea de tener que extinguirse para ser uno con el todo. En la unidad, Todo y Nada se funden en uno. La nada renuncia a toda manifestación y límite, con lo que se sustrae a la polaridad "


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