otros trabajos



Fuí educado en el convencimiento de que el trabajo  dignifica a la persona. Ordinariamente tendemos a clasificar el trabajo en función del contrato. Así hay contratos-basura, mini-empleos y otras denominaciones basadas, todas ellas, en las características del contrato:

  • duración corta
  • retribución baja
  • derechos sociales minorados en mayor o menor medida.

Sin embargo, me da la sensación de que los sindicatos no han ponderado debidamente la naturaleza de las obligaciones que contrae el trabajador, es decir, el  verdadero contenido sustantivo del contrato y cómo o de qué manera puede afectar a la dignidad del trabajador. Me estoy refiriendo a aquellas actividades, dentro del sector de los servicios, que carecen  de la sustantividad que todo trabajo, en sentido propio, debe comportar.

Creo que detrás de algunos trabajos no hay base real que los sustente (mercancías, productos, utilidad de los servicios). Sólo hay humo. Sólo hay negocio. No producen. No crean bienes tangibles o intangibles. Sólo hay acumulación de horas.

Son ese tipo de trabajos en el que un empleador, desprovisto de escrúpulos y en ejercicio de su poder de dirección asigna funciones o cometidos poco éticos o directamente inmorales.

Es lacerante que algunas multinacionales con beneficios incalculables derivados de una posición monopolística pongan en la calle a un ejército de trabajadores con la cobertura de un contrato mercantil que no da siquiera para tomar un café con leche y tengan que presentarse “ a puerta fria” y de uniforme con el propósito de captar clientes (libretas de ahorro)  mediante la utilización de técnicas  “agresivas” y un fondo de engaño malicioso que deriva de una política general de la empresa.

Ocurre, a mi entender, cuando el trabajo queda desprovisto de su fin natural, social y benéfico, y queda enmarcado en el rígido acatamiento de una obligación leonina.

Para Juan Carlos Siurana la empresa es “ una corporación de personas unidas para una común tarea, y una finalidad común beneficiosa para la sociedad”.

Adela Cortina entiende que “el fin de la empresa es satisfacer necesidades humanas con calidad y con justicia para cuyo logro la obtención del beneficio es un medio, pero si el dinero se convierte en fin, entonces la empresa y quienes en ella trabajan se convierten en medios para los fines individuales del propietario, repercutiendo negativamente en la sociedad, en los trabajadores y deslegitimando así su acción”

Por otro lado, el desarrollo de las nuevas tecnologías informáticas en el sector de los servicios está vaciando de contenido sustantivo muchos puestos de trabajo que , si no se amortizan, son reconvertidos hacia otras figuras que quizá carezcan, al menos por el momento, del sustrato necesario.

En realidad las reglas del negocio están codificadas y el problema es que nadie osa romperlas cuando es necesario. En infinidad de veces el “sistema informático” carga con las culpas.  Si un trabajador quiere defender su puesto de trabajo en una empresa con poco sentido ético deberá hacer que su desempeño  venga  en satisfacer  necesidades humanas.

Entiendo que para que haya un verdadero progreso social hay que mirar la esencia del trabajo (su justificación ética) y , en menor medida, su cantidad porque determinados trabajos sólo benefician a un empleador insolidario.

Dejo un enlace al programa de la OIT denominado Trabajo Decente

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