naciones



De manera inexorable las grandes sociedades mercantiles van abriéndose paso en su camino hacia el control del poder político en detrimento de los estados-nación que tratan de esgrimir leyes como respuesta, sujetando a sus ciudadanos a un férreo control, con el objetivo de impedir una irresistible deserción.

Poco a poco la persona, desprovista de principios, va perdiendo su dignidad , como resultado de las afrentas que por ambos frentes le vienen dadas, y, si no hay algo que lo remedie, nos encontraremos, sino lo estamos ya, con individuos temerosos que tiene ante sí el siguiente dilema:

A)    La adscripción al estado tradicional a cambio de un subsidio de miseria. Integrado ya por las personas a las que la brecha digital ha marginado. El sistema productivo (Opción B) no cuenta con ellos. B)     El vasallaje que los  nuevos estados  exigen a cambio, que implica no solo la fuerza de trabajo sino una sumisión completa, de mente y corazón, imprescindible para hacer valer su poder en la sociedad de la información.

Pide soldados con fe ciega porque la guerra está en marcha si bien los dirigentes de los estados nación pretenden solventarla con paños calientes.

(Esto lo saben muy bien los periodistas que, salvo honrosas excepciones, anteponen “su” estado del bienestar a la veracidad de la información, largando sin conocimiento  de causa pero siempre en una dirección inequívoca, por regla general.)

En definitiva, los Estados Nación deben admitir su derrota y tratar de unirse para dar a luz una nueva concepción de los derechos humanos  que, de verdad,  alcance a todos los individuos del planeta, comenzando por el derecho a la vida ( que incluye la alimentación, la sanidad , la educación y todas aquellas necesidades perentorias de los seres humanos ) fortaleciendo la dignidad de la persona (autonomia y libertad ) y cercenando debidamente aquellas organizaciones que, por su tamaño y fin, prescinden de dichos valores. Un estudio del tema lo podemos leer en "El crepúsculo del estado-nación"


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