Mas al vent



Mas al vent


Más al vent era la casa de los últimos.

La casa dónde las personas más desfavorecidas de la sociedad acababan sus vidas, con algo, por escaso que fuese, de lo que carecieron: un hogar familiar.

Familiaridad de los internos, con todas las diferencias propias de una casa, de los enfermeros, de las cocineras, de los trabajadores sociales, de los voluntarios, de la gente que estuvo próxima.

Me gustaba pensar que había organizaciones que funcionaban, pese a todo y a todos, en defensa de ese puñado de personas acogidas. Pensaba que era fruto de un patrimonio social intangible, porque para haber sido trabajador de esa casa, se precisa de mucho más de lo que se exige de ordinario.

Ahora, parece que llega el momento del cierre. Se han retirado los fondos y, la responsabilidad de las personas se diluye en las organizaciones sin mayores explicaciones.

Aún con esa corrosiva enfermedad a cuestas no he visto mejor reflejada la dignidad de la persona que en la expresión del rostro de los internos que son, ahora, distribuidos entre hospitales de crónicos y residencias.

¿Les faltará algo?


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