La llamada



Hay quien define este tipo de experiencias como subjetivas, en fin, parece más acorde al pensamiento imperante, esa suerte de inquisición que quiere acabar con todo.

Pero el otro día, entre infinita tristeza, me dispuse a sacar a pasear al perro. Era uno de esos momentos en que uno carga consigo mismo como buenamente puede. Le puse la correa y bajamos en el ascensor. Al llegar a la planta baja las puertas se abrieron y sin pensar en nada estiré de la correa animándolo a salir del mismo.

En el momento de atravesar el patio, percibí claramente, aunque muy lejana o distorsionada, una llamada. Alguien pronunció mi nombre claramente aunque desde un sitio remoto y cercano a la vez, como un tímido susurro al oído.

En un primer momento no supe reconocer la voz. Miré en todas direcciones y allí no había nadie. Traté de no darle importancia como si no hubiera ocurrido nada pensando para mis adentros que quizás mi subconsciente la generó de alguna manera.

Me asomé al exterior dándose la circunstancia de que no pasaba nadie por la acera, ni a derecha ni a izquierda. No había nadie. Una atmósfera un tanto extraña al caer la tarde.

Pero el perro se sobresaltó, aguzó las orejas y quedó plantado como estatua como esperando verla aparecer de improviso bajando las escaleras. Entonces, quedé como suspendido, con una sensación de extrañeza, pues supe de la certeza de su llamada. A continuación el animal se negó a salir a la calle y me llevó de vuelta al ascensor. Entró, de nuevo, como loco, en casa rebuscando por todas las habitaciones. Finalmente no conseguí hacerlo salir de casa.


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