La lectura



No deja de ser una apreciación pero resulta paradójico que, en plena “sociedad del conocimiento”, el lector sea una especie en extinción. A ello contribuye un uso telegráfico de las redes sociales en el que no se comparte contenido de valor sino chismes, fotos “graciosas” con su corolario, videos treding topic, etc es una suerte de pereza mental que excluye la lectura por principio y que no hace sino incrementar el barullo del big data. Que pocas son las personas que leen hoy día. Ni que decir tiene que el hábito lector constituye, hoy por hoy, una ventaja competitiva de gran alcance, una competencia básica consustancial al uso de las nuevas tecnologías que es despreciada por la mayoría. En ese sentido más que brecha digital es un analfabetismo digital el que padecemos porque, a ver, hay gente que no ha manejado nunca un ordenador y seguramente nunca lo hará pero hay nativos digitales que si saben desenvolverse en facebook (aunque la estrella siempre será el “guasap” porque ahí se encierra toda la lectura de la que son capaces) sin embargo no aciertan a compartir algo con un mínimo criterio racional, prevaleciendo la estupidez como norma suprema. En definitiva gozamos de unas herramientas poderosas que casi nadie acierta a emplear con sentido. Se empieza por no escuchar al prójimo. Si uno no es capaz de escuchar, ¿para qué habrá de querer leer? (que no deja de ser una especie de escucha activa). Y la cuestión no atañe unicamente a personas con un bajo nivel cultural sino que, lamentablemente, alcanza incluso a los que están obligados a leer por imperativo legal como por ejemplo algunos jueces que no son capaces de hacer lo propio con las demandas que se les plantean. Argumentarán en pro del principio procesal de oralidad pero el problema real es que son muchas y frecuentemente repetitivas si bien, en cualquier caso, probablemente tampoco serán capaces de escuchar.

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