La buena zambullida

Me parece genial la reflexión de Ronald Dworkin sobre el valor de una vida buena y su distinción entre el modelo del impacto y el modelo del desafio.

Siguiendo en éste punto la introducción del libro “Etica privada e igualitarismo político” del referido autor realizada por Fernando Vallespín, cada una de las dos concepciones sobre lo que deba ser una vida buena podría ser descrita de la siguiente manera

  • El “Modelo del Impacto” se caracteriza por ofrecer una visión de la vida buena a partir de la evaluación de las consecuencias, es decir del impacto que aquélla tiene sobre el mundo. El impacto de la vida de una persona es la diferencia que su vida introduce en el valor objetivo del mundo.
  • El “Modelo del Desafío”, por su parte, ubica el valor de la vida buena en “el valor que es inherente a la realización de vida conseguida”. Sigue en esto a Aristóteles y su visión de la vida como una praxis ejecutada con destreza independientemente de su repercusión objetiva sobre el mundo. Consistiría en el ejercicio de una habilidad al afrontar un desafío.

En palabras del propio Dworkin, “el valor de una vida buena, de acuerdo con ésta última concepción se parece al que tiene y retiene una estupenda zambullida cuando las ondas por ella provocadas se han extinguido”  

Reflexión: Las personas somos iguales y el valor de una vida no se mide empíricamente. Me viene a la mente la aclaración de Don Quijote a Sancho “todas las personas son iguales” y añade algo así como  “si acaso es más el que más hace”


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