Interioridades



No sé si esto le ocurre a la gente, por la poca disposición a mostrar las interioridades que de uno mismo suelen tener, pero es para mi frecuente padecer un torbellino mental turbio y sucio como afluente que lleva el barranco después de una tempestuosa tormenta.

Nos han enseñado a pensar racionalmente como si las personas gozasen, por ley inmutable, de un equilibrio interior en virtud de un pensamiento “apropiado” a las condiciones sociales y de otra índole reinantes.

Otras veces, esos malolientes pensamientos, se introducen subrepticiamente en la cabeza y uno llega irremediablemente a la conclusión de que no son producto de su propia razón. Son pensamientos, por decirlo de alguna forma, “de otro”, ajenos. Por eso no debemos hacerles mucho caso.

Quizás sea la mentalidad del hombre primitivo que cita Francisco J. Rubia en su interesante libro “el cerebro nos engaña” que cita a su vez a Ernst Cassirer, “el pensamiento emocional del hombre primitivo o del niño pequeño inhibiría la posibilidad de pensar lógicamente, una forma de pensar que quizá surja en el ser humano tras mucho esfuerzo y ejercicio” y más adelante añade “la consciencia del hombre primitivo, como la del niño pequeño, se asemeja más a la consciencia que aparece en los ensueños”

No lo sé, el caso es que uno llega a veces a desesperarse con tanto disparate rondando la mente y en los que se mezcla todo tipo de pensamientos con un inequívoco sesgo moral negativo y preocupante porque se impone a la mente ordenada, aquella del “pensamiento lógico analítico y dualista del hombre moderno”.

Entiendo que todo esto no es solo una cuestión histórica relacionada con la evolución de la consciencia.

En cualquier caso, y dado que son los místicos los que no ponen trabas a la difusión de sus más íntimas interioridades, porque no hay nada oculto que no vaya a saberse, estoy releyendo a Miguel de Molinos en su famosa “Guia Espiritual” y hallé lo siguiente:

“te perseguirán los enémigos invisibles, con escrúpulos, con sugestiones libidinosas y pensamientos inmundos, con incentivos de impaciencia, soberbia, rabia, maldición y blasfemias del nombre de Dios, de sus sacramentos y santos misterios”(..) “ una oscuridad y tiniebla en el entendimiento(...) “y que estás imposibilitada de tener un buen deseo”(...) “juzgaras con evidencia que estás espiritada y poseída del demonio porque las señales de éste interior ejercicio se equivocan con las de la invasión penosa de los espiritados y endemoniados”. Y en otro punto, añade “Pero no temas, que todo esto es necesario para purgar tu alma y darla a conocer su miseria, tocando con las manos la aniquilación de todas las pasiones y desordenados apetitos con que ella se alegraba”


Volver