Nueva inquisición (los delatores)



El problema de la nueva inquisición surge cuando una visión de la vida profundamente distorsionada se aloja en mentes ya de por sí bastante cerradas. Es pues una voluntaria cerrazón sobre la propia naturaleza humana encastillada en unos parámetros totalmente falsos que desembocan en una abyecta inversión de valores. Así, no es extraño que se confundan los mismos en una artificiosa racionalidad con el propósito de un eficaz control social. En este ambiente, parafraseando a Quevedo, decir verdad se vuelve sumamente peligroso. Y también aquél pronóstico de Chesterton “llegará un día en que será necesario desenvainar la espada por afirmar que el pasto es verde”. Así no deja de resultar llamativo que se admita la existencia del dolor y se niegue la del sufrimiento, por poner un ejemplo. Sin duda debe tener su intríngulis conceptual, sirve a un moderado hedonismo o es el comunismo de la felicidad. Es la nueva antropología, con borrón y cuenta nueva, como si el linaje humano hubiera echado a andar ayer. Entre el ser o no ser parece que la humanidad se decanta por esto último, en un nuevo contrato social. En realidad, de lo que se trata es de tirar abajo las raíces cristianas de una sociedad global que ha perdido el norte y acepta, sin mayor complicación, el siguiente silogismo:

    • Oír misa es malo. • Los que acuden a misa son malos • Soy bueno porque no voy a misa.

Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios.


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