Esperanza

Tengo escrito que, aunque una parte de mi haya muerto, la esperanza no desfallece. Pero si la esperanza consiste en un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable aquello que se desea, entonces me refiero a otra clase de esperanza porque no hay objeto de deseo, al menos, en esta vida.

Ciertamente, la esperanza es un estado de ánimo y como tal, sin entrar en lo patológico (aunque esa raya es difusa), puede mantenerse en un buen tono o bien tocar fondo. Cuando esto último ocurre tendemos a buscar desesperadamente alternativas o escapatorias que solo pueden agravar el problema.

En éstas circunstancias, como bien indica C.S.Lewis en su libro "cartas del diablo a su sobrino", el demonio tentará con la bebida o con el sexo o con ambos a la vez por consistir en deseos irrefrenables y es que, en esa coyuntura, gracias a Dios transitoria, da lo mismo estar vivo que haber fenecido. La sola existencia se torna una carga cuasi insoportable, sin escapatoria, salvo suicidio (pero eso supondría traspasar la línea de la cordura). Entonces, digo, uno prioritariamente preferiría lo segundo porque solo hay desesperanza o imposibilidad de cobrar ánimo.

Sin embargo, todavía se conserva intacta esa otra esperanza mucho más abstracta (paciencia), el deseo de un sublime bien impenetrable, intangible e incorpóreo y mucho más coincidente con la tercera acepción que del vocablo da el diccionario de la Real Academia Española, el origen y el fin de la existencia, la verdad desnuda, la pura vida.


Volver