Egoísmo

Los primitivos cristianos compartían todo lo que tenían y al parecer, a ninguno le faltaba lo necesario para cubrir sus necesidades. Bien mirado, empezando por la vida misma, todo nos viene regalado, tanto los bienes materiales como los inmateriales. Si todo nos viene regalado, ¿a qué viene esa apropiación indebida

Esto es fácil de comprender por lo que respecta a éstos últimos. La cuestión se complica notoriamente en cuanto nos referimos a los bienes materiales pues podemos pensar, no sin razón, que son fruto de nuestro esfuerzo y afán. Pero es que el afán por alcanzarlos o el esfuerzo dedicado conforma nuestra propia existencia, nuestra vida. Y ésta no se mide con arreglo a criterios objetivos de posesión sino, a mi modo de ver, de esfuerzo “sin resultados” apreciables.

Es decir, la vida es un esfuerzo que, bien orientado, debe servir a la comunidad. Aunque no se concrete en logros tangibles, como posesión, poder, honra, dinero y fama se concretará en otros intangibles como amor al prójimo, caridad, honestidad, comprensión, valentía, justicia . Si bien los primeros son ostensibles en éste mundo, tienen una efímera existencia (lo que dura una vida terrena), los segundos, sin embargo, quedarán impresos en el libro de la vida, aquel que se abrirá en el final de los tiempos, por lo que se atesoran para el otro mundo, además en la casa del Padre hay muchas moradas.

Sabemos medir el patrimonio por una exacta cuantificación. La fama o la honra son, asimismo, fácilmente objetivables por su traducción a una expresión monetaria. Sin embargo, ¿quién es capaz de mensurar el amor al prójimo?. Hoy por hoy, creo que no lo lograrán los más experimentados cientifistas. Ninguno ha inventado todavía, que yo sepa, la ecuación universal del amor y, sin embargo no hablamos de quimeras sino de realidades concretas presentes en la vida del hombre con toda naturalidad.

El afamado Newton fué muy listo cuando derivó toda una teoria gravitacional a propósito de la caída de una manzana pero no fué capaz de integrar en ella el amor de Dios a pesar de que consta la certeza del propio Newton al respecto. Desde ésta perspectiva cobra sentido la denostada frase del gran Miguel de Unamuno : ; ¡qué inventen ellos!

No creo que el ámbito del conocimiento humano deba de ser restringido apriori. En ese sentido reivindico la labor del olvidado naturalista D' Arcy Thompson que, a mi modo de ver, supo derivar la extraordinaria complejidad y asombrosa armonía del mundo a partir de una vasta erudición y del estudio de las especies sin negar tanto la herencia newtoniana como la evolucionista pero situándolas seguramente en el sitio que les corresponde.

Entiendo que hay una correlación de fuerzas entre unos y otros: si se acrecientan los unos disminuyen los otros y a la inversa. Quizá por eso le es tan difícil a un rico entrar en el reino de los cielos.

Por otra parte, creo que a nadie le interesa permutar su vida (su historia personal ) por la de otro y sin embargo es casi inevitable que aparezca la envidia.

que solo se quiere a sí mismo es incapaz de buscar el bien de los demás y, en esa imposibilidad queda atrapado, la mente queda como aprisionada en el círculo estrecho del ego, inoperante para ver la realidad en su más amplia expresión. Entonces la distinción entre egoísmo e ignorancia se difumina.

Es éste un problema muy grave: nuestra percepción de la realidad queda capitidisminuida, sin ser conscientes del verdadero alcance de nuestros actos. Estos no son unidireccionales o unívocos sino que generan en las personas diversas susceptibilidades.

Entiendo que la sociedad no es una unión lineal o estanca sino que se constituye por una gran malla de relaciones. Por eso hay que afanarse en demostrar intenciones allí donde sea posible, no es un problema de meras palabras sino de actos. Las palabras, sin actos que las refrenden, carecen de valor y mucho más en los tiempos que corren. En el libro de la vida se inscriben los actos no los buenos pensamiento.

Si todo nos viene regalado, ¿a qué viene esa apropiación indebida?

Lógico es pensar que el hombre, no sólo de pan vive, sino que precisa poseer toda una serie de bienes para el desarrollo de su personalidad. Tampoco es un problema de cantidad. Más bien está relacionado con el uso o finalidad que cumplen (usabilidad). Aquí debería hablar sobre “santificación” de los bienes materiales pero, por el momento, es algo que se me escapa.


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