Dicen



Dice el censor:

Ahí tienes a un tipo estrafalario e irracional que asume situaciones de riesgo como haciéndose el valiente aunque, para ello, precisa beber sin moderación convirtiéndose en un ser social transitorio pero en realidad es un provocador intransigente. Levanta en igual medida odios y afectos. Con el tiempo ha conseguido mitigar su cólera y visceralidad pero probablemente éstas siguen anidadas en lo profundo de su subconsciente. Podemos coincidir en que a ambos nos gusta la música y admirar la belleza sin embargo se considera un ser especial, un carácter único, siendo, en realidad, una mediocridad sin ningún relieve. En su afán de sobresalir se dedica a la pintura pero solo consigue ensuciar lienzos con su impericia. Lo único que tiene de niño es el capricho de salirse siempre con la suya y llevar la contraria a quienes haciendo uso de otros criterios pretenden enderezarlo. Siempre lo intenta incluso cuando sabe de antemano que a la postre acarreará zozobra. Es probable que confunda lo valiente con lo temerario y aún así, aunque se reprima, queda latente la frustración de no haber sido capaz de realizarlo y, sin duda, lo intentará más adelante. Es por naturaleza indisciplinado, a veces se preocupa en exceso de la gente de mal vivir y se podría decir que prescinde de sus más allegados. El hecho de visitar un prostíbulo lo atrajo desde antiguo pero lo sujeté a un férreo control y las circunstancias por mi propiciadas lo impidieron. Con su matrimonio, supo apartarse de aquella atracción peligrosa, el cariz festivo de la vida, encontrando una profesión en un apartado municipio. Le viene mejor a su carácter vivir con dificultades y penurias antes que con amplitud de medios y comodidades. Llegó incluso a enamorarse de una joven y soberbia mujer que, por edad y belleza, aspiraba a mucho más que cohabitar con un funcionario serio y bajo de estatura. Creo que incluso hubiera sido capaz de abandonar a su familia en esa locura transitoria. Suerte que siempre tuvo una fiel compañera y amante a su lado.

Dice el artista:

A ese señor la duda lo paraliza, es cierto que disfruta del ensimismamiento pero no tiene determinación, todo son miedos, todo pasa por una pretendida racionalidad carente de sentido. Aunque ciertamente la prudencia le pueda haber ayudado lo cierto es que no sabe cómo vivir la vida. Quiere controlarlo todo con su mente analítica y no entiende que eso es una quimera. Aún no se ha percatado de que la vida es tan rica en alternativas y vericuetos que, de persistir en ese camino, lo llevarán irremediablemente a la locura. Se conformaría con todo y todo lo toleraría. Así, con solo estimular esa cabeza y tenerla de continúo concentrada eliminaría de su vida a los demás con lo que ello comporta en el plano afectivo. Retrocediendo en el tiempo hasta la época de comenzar su vida laboral entendió, impregnado quizás de una filosofía particular producto de las muchas lecturas de juventud y de una desbordante imaginación que me atribuyo, que lo mejor era retirarse y vivir una vida austera porque, bien el miedo u otras circunstancias cuasi bucólicas, lo movieron a emprender camino en la lejanía de un pequeño pueblo apartado entre crestas de montañas. Se equivocó en parte. Ese no fue el retiro esperado sino todo lo contrario, el comienzo de un áspero camino que esfumó en buena medida su juventud. Por suerte no estuvo solo, sin esa compañía todo se hubiera venido abajo. Lo confirma su pérdida.

Dice el mediador:

Lo que está claro es que, entre ambos, lo hacéis caminar por la cuerda floja. Estando la vida, como está de continuo, en manos de Dios la única certeza es rezar y asumir su voluntad. Han sido muchas sus dificultades pero quizás quepa considerar que muchas de ellas son producto de su idiosincrasia. En ese sentido cabe afirmar que él es su peor enemigo. Es cierto que actualmente está muy cansado y hasta puede desear la muerte pero creo que le empuja también paradójicamente un afán de vivir inexplicable. Parece como si Dios mismo lo sostuviera.


Volver