José Vicente López Larrea



Nacido en Valencia el 3 de septiembre de 1963, tuvo la dicha de tener una infancia feliz al amparo del amor de sus padres, abuelos y hermanos. Con alguna dificultad que otra logró terminar sus estudios de bachiller y acceder a la universidad donde, con esfuerzo, culminó sus estudios de derecho, comenzando un deambular profesional por diversas localidades de Aragón y de la Comunidad Valenciana, ejerciendo como secretario de ayuntamiento.

Es por ello que, afincado en Teruel con su mujer y sus hijos, su rutina consistía en un ir y un venir constante desde un trabajo, muchas veces situado, a no poca distancia lo que le mantenía con frecuencia fuera de casa.

Sin embargo comenzó en aquella época a despertarse su interés por la pintura, en especial, por la abstracción, pues era como una válvula de escape a su, cada vez más frustrante, situación laboral y ello, a pesar de los muchos estudios, centrado como estaba en abrirse paso en aquella ingrata profesión por un afán inexplicable.

Así atraviesa una fuerte depresión que, con ayuda de su familia, consigue remontar sin perjuicio de quedar rotos los nervios. Es por ello que intentará afianzarse en la pintura por lo que supone de actividad terapeútica independientemente de lo meritorio del resultado.

Pienso que esa dedicación debió ser como un acicate para darse cuenta de que el trabajo no constituye, por si solo, la esencia de la vida. Es así como fue arraigando una profunda fe católica.

Establecidos en Valencia, al conseguir una mayor estabilidad laboral, pasó los años más dichosos en compañia de su mujer e hijos aunque fuera como un suspiro porque su mujer, Marta, marchó directamente al cielo el 16 de agosto de 2017.

Queda el vértigo y una inseguridad extraordinaria solo mitigados por la fe y la esperanza. De nuevo, la pintura, viene a constituirse en refugio estimulante.


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