Ahora



Hace tiempo que no he escrito nada y necesito poner orden en mis ideas, ahora que voy cobrando una mayor fortaleza, a pesar de la atenazadora soledad. A ello ha contribuido esencialmente el trabajo que, aunque casi siempre ha sido la fuente de mucho padecer, se ha transformado providencialmente en el motor y estímulo principal durante esta travesía del desierto, arropado por unos extraordinarios compañeros.

Creo tener en este momento la obligación de extender la misma solución a aquellos ámbitos en los que permanezco preso. La reflexión seguida de la acción, es decir, la ejecución de lo posible, por humilde que sea, pues, aún vacilante, debo comenzar a dar los primeros pasos pero, antes, hay que restablecer el ansiado norte.

No he conseguido centrarme en el estudio por la imposibilidad de fijar mi interés en materia alguna aunque soy consciente de que solo la laboriosidad me librará de esas solitarias cárceles. En cierta forma la concentración puede representar para mi lo que el salvavidas para el naufrago. Lo intento con la lectura. Me he rodeado de libros, principalmente, de temática religiosa y por el momento solo Zubiri atrajo mi atención, siquiera fuese por una tarde, pues carezco de la necesaria constancia fruto de una deseable disciplina.

Y es que la disciplina solo es posible con una cierta estabilidad emocional incompatible con las situaciones en que uno deja de ser dueño de uno mismo. Se me dirá que debiera enfrentar lecturas más ligeras pero seguro que requerirán de un menor esfuerzo y concentración. Por otra parte la lectura por si sola no basta pues debe comportar algún quehacer añadido con cierto grado de creatividad, de ahí que intente observar un propósito general, aunque sea subconsciente, en seleccionar aquello que puedo escoger.

No es que quiera encerrarme en el ensimismamiento sino todo lo contrario porque lo que busco es que mi ocupación pueda rendir algún fruto, por poco perceptible que fuese, fuera de mi mundo interior.

Por esto me aficioné a la pintura, al implicar un pensamiento en una fase de concepción, para después pasar a la acción de pintar, que conlleva cierto esfuerzo físico en un trabajo perseverante no exigente, y posteriormente, mostrar a los demás el resultado no siempre acertado, que se rentabiliza con una mera demostración de agrado.

En lineas generales el trabajo gratuito es recompensado de forma extraordinaria pues la ganancia que se obtiene se mide en términos no monetarios como ocurre por ejemplo en el trabajo del voluntario máximizado en la satisfacción de prestar apoyo al prójimo. En ese sentido no descarto una posible colaboración si es que finalmente cuentan conmigo pues espero poder entrevistarme pronto. Tampoco faltaron otras ideas descabelladas que he ido aparcando al entender que los proyectos deben fluir ellos solos a medida que uno va recorriendo el camino y todavía he de pasar a la acción.


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